En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero olvidarme , Alcoba de los Montes ( Ciudad Real ) no ha mucho tiempo nació un hidalgo maestro, de los de libro en astillero, adarga antigua en las coderas, y lápiz corredor.
Más o menos, así empieza Don Quijote de la Mancha ¿no?
Libro que D. Miguel nos leía por capítulos en la escuela del poblado de arriba.
Para nosotros, era como oírle narrar un cuento. Para él, enseñarnos a comprender la lectura. Ponía mucho énfasis en las comas, los puntos y todos los signos ortográficos.
Tengo muy buenos recuerdos de los tres cursos que pasé en ésa escuela.
Como he dicho otras veces, éramos tan poquitos, que parecía una escuela familiar.
Antonio ¿recuerdas al niño francés que estuvo un tiempo con nosotros? Se llamaba Pierre (Pedro) y sólo sabía decir en español el nombre de un cuento que tenía El patito listo. D. Miguel era el único que le entendía.
¿ Recuerdas la primera vez que comimos marisco? Bueno, tú, igual ya lo habías probado en Gandía. Lugar donde marchábais de vacaciones.
Una tarde, D. Miguel tuvo el bonito detalle de llevarnos a toda la clase nécora ya troceada. No es que nos pusiéramos ciegos de comer, pero al menos pudimos saborear tan sabroso manjar. Sólo le faltó llevarnos un poco de vino de Ribeiro para acompañamiento.
Recuerdo cuando D. Miguel se casó con Carol allá por el año 1969.
Todas las familias escotaron un dinero para ofrecerles un regalo de boda. Regalo, que seguramente ahora estará en una vitrina guardado con mucho cariño.
Cuando comenzamos el curso, nos habló de su viaje de luna de miel a Italia, en su Simca 1.000, y de los lugares históricos que visitó.
Escuchándole, me prometí a mí mismo que de mayor iría a Italia.
Y así ha sido. En nuestro 25 aniversario de boda fuimos toda la familia a ver tan histórico país. Quería que nuestros dos hijos también participaran.
Pero a mí no me rompió ningún caco italiano el cristal del coche para llevarse unas gafas de sol con patillas metálicas adornadas con agujeros. Porque de mi maestro aprendí que no había que dejar nada a la vista en el interior de un coche. Porque te lo chorizan.
Ahora que, tampoco fuimos en coche. El avión es más rápido.
Éste es un pequeño resumen de mis recuerdos en la escuela del poblado de arriba. Hay muchos más, pero tampoco pretendo aburriros con ellos.
D. Miguel, estamos encantados de compartir nuestros recuerdos con Vd,
Fernando, lástima no haber sabido antes de tu mensaje lanzado en una botella, como sabiamente ha comparado Manuel Trinidad.
Me imagino la desesperación que has tenido que sentir todos ésos años al no obtener respuesta. Pero como dice el refrán nunca es tarde si la dicha es buena.
Demetrio