Esta eventualidad provocó que hasta agosto de 1967 el precio de la mano de obra se incrementara en un 42,39%, mientras que según las estimaciones de H.E. no debía haber superado el 6.99%.39Esta situación se repitió con unas consecuencias más agudas durante las obras de construcción de la central de Cedillo, ubicada en la frontera con Portugal. Concretamente en Cedillo, la dirección de H.E. se quejaba de que todos los meses se marchaban de la obra más de doscientos productores.40 Las cosas comenzaban a cambiar. Como agravante de esta delicada e incontrolable situación, y como apoyo a la idea anteriormente anotada, no se podían contratar profesionales en España41 y tuvieron que ir a buscarlos a Portugal, donde el despegue del nivel de vida aún se haría esperar un poco más. Esta situación era plenamente previsible, ya que estos problemas ya se comenzaron a gestar en varios los países europeos con anterioridad. Aunque los salarios que se abonaban eran altos, no hubo forma de retener a los especialistas españoles, ya que en las obras de edificación los sueldos que se ofrecían a este personal, especialmente en la zona centro y en la costa levantina, eran absolutamente prohibitivos, llegando a duplicar o incluso a triplicar a los de la obra, por lo que era imposible competir. Incluso a nivel interno, se llegaron a tener problemas pues los sueldos de la central nuclear que estaba construyéndose en Almaraz eran mucho más elevados que los de Cedillo.42
“El español también experimenta ya esa sensación y mucho más cuando se va a dormir forzosamente a los dormitorios de obra, como los de Cedillo, aunque comen en comedor. Esa circunstancia hace quince años el obrero la agradecía mucho porque le daba estabilidad y una cierta comodidad. Hoy experimenta aceptando eso, una situación grandísima de inferioridad y no quiere seguir en cuanto llega. Es decir, al poco tiempo de llegar pretende ir a otro sitio, ciudad cercana o lejana, capital, en la cual pueda tener libertad y disposición de su tiempo libre después de las horas de trabajo y no tenga que dormir en ningún dormitorio. Es una situación real y cierta que no tiene solución. Cada vez los trabajadores que sustituyen a los que van faltando hay que pagarlos más, para conseguir que vengan, e inmediatamente que se integran en Cedillo con el nuevo salario, hay que subir el salario a los que están desde antes para que no se marchen. Es un problema que no tiene solución”.43