Hola, amigos. Gracias Pepín por tu recibimiento.
He estado viendo el vídeo de El lince con botas y en general me ha gustado mucho. Paquita, qué buena eres con el verbo y con la pose, la cámara te quiere. Me parece estupendo que los niños de entonces hayáis intentado recuperar del olvido el accidente del 65. Pero lo que he echado en falta es la voz de algún adulto, algún trabajador de entonces que lo viviera, incluso de alguien de la empresa, es decir, de información de primera mano.
Yo era muy niña el día que ocurrió, tenía sólo siete años, de poco valen mis recuerdos y emociones de ese día: la subida al monte en pijama, la espera hasta la tarde en que vimos salvo a mi padre, la llegada de mi abuela a buscarnos...
Lo único que puedo añadir a eso son las cosas que mi padre me ha contado, que entonces tenía 36 años. No sé si os acordaréis de él, pero era del grupillo de los chóferes de los land rovers, con Cola-Cao y otros. Le llamaban, como a casi todos, por el apellido, Morejudo, no tiene pérdida. Ese día él estaba trabajando llevando a un ingeniero, el señor Campos si mal no recuerdo y estuvo con él todo el día hasta que nos vino a buscar por la tarde. Voy a aportar ese granito de arena por si es de utilidad. A ver si entre todos los antiguos niños recuperamos la memoria de un tiempo que no queremos perder.
Lo que él me ha contado muchas veces es que los ingenieros habían estado haciendo cálculos de resistencia los días previos, varias veces, y todos los cálculos decían que resistiría la compuerta, pero que la noche anterior llovió mucho y los cálculos se fueron al traste. Así son las ciencias y las previsiones, siempre hay un margen de error. Ya sabéis la ley de Peter: si algo puede salir mal, saldrá mal. Él hablaba de la rotura de una ataguía y la riada hacia el trasvase del Tajo al Tiétar, pero que en el trasvase habían muerto menos de los que se decía.
Ese día la grúa salvó muchas vidas. El que se llevó la fama (el que maniobraba la grúa) le llamaron héroe en la prensa, por eso luego se quedó con el mote de "el HEROE", así sin acento, porque en realidad el héroe había sido el que se colgó de la grúa y fue sacando con sus brazos a los que estaban en el agua, que no fue una cuerda, sino un hombre. Mi padre también estuvo ayudando y alguno salvó del río, más que nada por la voluntad del ingeniero, que se portó como un valiente y les animó a acompañarle a buscar supervivientes. Hubo otros hombres que también ayudaron. En el entierro de mi padre vino a despedirlo uno que entonces era jovencillo y también les acompañó, me emocionó bastante. Pero no muchos se comportaron así. Uno de mis recuerdos más impactantes es ver una caravana inmensa de gente andando por la carretera hacia Torrejón desde el poblado, huyendo, por si el agua llegaba al poblado. Yo me asomé desde la parte de atrás de mi casa ya por la tarde y faltaban bastantes metros para llegar arriba.
Es una lástima que haya desaparecido la placa de la Iglesia de arriba, porque era un detalle muy bonito. Los nombres no pueden caer en el olvido. Nosotros vivimos en el poblado de arriba y la recuerdo perfectamente, los nombres estaban escritos en letras doradas frente al altar. He contado a veces los nombres: eran 63. Mi padre decía que eran todos los muertos de ese día, sin importar la compañía para la que trabajaban. Pero la lista no incluía los que murieron en otras ocasiones, y fueron muchos más que ésos, sobre todo electrocutados.
De hecho, si os acordáis, en la escuela no teníamos religión. Nuestra escuela estaba décadas adelantada a la época, a veces lo he contado y no me han creído: clases mixtas de chicos y chicas, y en lugar de religión dábamos seguridad en el trabajo y seguridad vial. La protección frente a la electricidad o los accidentes de trabajo; y luego un curso que eran las señales de tráfico, ¿os acordáis?
Volviendo al día fatídico, los cadáveres se fueron amontonando en la escuela del poblado de arriba, que se cerró para este uso. Allí se fueron reconociendo. Se colocaban encima de los pupitres. Muchos de los cuerpos se encontraron descuartizados. Los cuerpos que dicen que aparecieron río abajo tiempo después no podría asegurarlo, pero sí recuerdo la prohibición de las madres de que los niños nos asomáramos al río, porque nos gustaba antes bajar a jugar a la orilla. Y hubo el rumor de que se había encontrado un brazo. Yo le pregunté a mi padre y me dijo que no hiciera caso, que no era cierto. Pero qué le vas a contestar a tu niña. No sabría decir si fue o no, pero por lógica un cuerpo en el agua no se conserva nueve meses para ser reconocido, se corrompe rápidamente. De aparecer sería en Lisboa y sólo los huesos.
Una cosa que contaba mi padre sobre la inauguración de Franco: se había preparado todo, se había construido la maqueta, se habían comprado lanchas para traerle en este medio... y no vino. Pero no porque quisiera despreciarnos y darnos plantón, sino porque los días anteriores le dio una apoplejía, la que le dejó inútil el lado izquierdo. Le fue imposible, vaya.
Otra cosa que contaba era sobre las ruinas. Hemos ido varias veces a ver nuestras antiguas casas en ruinas, porque a nosotros nos derribaron tres, dos en Valdecañas y una en Torrejón, más la que quedó en pie pero vacía. A todos nos ha dolido que derruyeran los poblados, pero es que si mal no recuerdo, cuando se abandonaron las casas, los gitanos (que había muchos en Extremadura) se llevaron todo: puertas, ventanas, sanitarios, grifos, calentadores, etc. Y previendo que el poblado lo ocuparan y crearan conflictos se terminaron por derruir, con excepción de las Iglesias, no sé si las habrán respetado después. En el vídeo las de abajo no se ven.
Ahora, el poblado de arriba de Torrejón no debería estar en ese estado, duele su abandono. Mi madre me contó los últimos años de su vida que el poblado lo diseñó el arquitecto Oriol, el hermano del entonces presidente, y ganó un premio de arquitectura. Mi padre decía que se lo habían regalado a la Junta después de restaurarlo y gastarse una pasta. Yo pasé hace unos 10 años y daba pena, habían hecho una limpia y sólo quedaban las paredes. Y se podría mantener si se busca una solución, a lo mejor intentando que se considere bien de interés cultural, por el premio de arquitectura que recibió en su día. Y ya puestos intentar meter en el bloque la iglesia, muy acorde con el estilo. Además de la placa desaparecida había una pintura mural en que el pintor había retratado como santos o devotos a ingenieros y trabajadores del salto. Mi padre sabía reconocerlos.
Por último, un comentario sobre las clases sociales. Es cierto que dentro del poblado de abajo las casas eran todas iguales, estaban muy bien dotadas para la época, y no se hacían distinciones de categorías sociales. Totalmente de acuerdo. Pero sí existían distinciones, aunque se vivían de forma muy natural y nunca hubo fricciones. Recordad que había dos poblados y dos residencias, unas arriba y otras abajo. Arriba estaban los ingenieros y peritos y abajo los obreros: en el poblado los especializados y los peones en la residencia, allí donde Paquita Martos rememora esa entrañable escena de los pucheros al fuego. Eso debió ser como dices al inicio de la construcción, porque después había unas ollas a presión del tamaño de una hormigonera, ¿os acordáis? Esos hombres no tenían derecho a casa. Nosotros estuvimos esperando casa cerca de un año hasta que nos dieron una de un accidentado. La selección se hacía por la categoría laboral. Mientras arriba estaba la clase alta y no pasaba nada. De hecho, yo fui con otros niños de obreros a la escuela arriba con los hijos de los ingenieros porque eran pocos y así hacíamos bulto. Estaba genial, porque teníamos juguetes y toda clase de pinturas y material escolar.
Yo creo que hay algo que se os ha quedado en el tintero pero que estaba implícito en el vídeo: nuestras familias formaron la primera clase media extremeña, entre el rico y el pobre. Con el esfuerzo de nuestros padres y la buena administración de nuestras madres, pero eso es lo que significaron en la historia de Extremadura. Aunque desgraciadamente alguno perdió la vida en el camino. Tras la época de los pantanos, que terminó con Cedillo, casi todos emigraron de Extremadura y se marcharon a algún otro lugar, pero ya tenían una profesión, unas aspiraciones.
Una sola cosa más, que me estoy enrollando, mi padre tenía un libro de un concurso de cuentos que hizo Iberdrola creo y que trataban de la historia de los saltos y sería digno de recuperar, a lo mejor mis hermanos lo encuentran. Había uno que ganó: un hombre que llegó desde cerca de Trujillo andando a pedir trabajo y ese mismo día empezó a trabajar en Torrejón, y luego le mandaron a Rosarito a buscar una cuadrilla que vaciara el cementerio (porque el pueblo pidió que se trasladara a sus muertos) y es digno de leer porque la cuadrilla duraba menos de un día y vuelta a empezar y luego de noche se paseaba solo por el pueblo desierto. Y alguno más trataba del salto. No me digáis que no es la historia de un hombre valiente donde los haya.