En la arcadia el sol brilla entre cañaverales, el agua no cala, se retiene, el tiempo nos ha dado plata y oro, a la mayoría, y de alguna manera, seguimos creyendo en esa eternidad que se puede comprar con él.
La tristeza dormitaba, acunada entre chistes. ¡Cuentos! ¡Historias! ¡Ensoñaciones! ¡Teatro! Representaciones sin espectadores que se durmieran en sus asientos. Si hacía falta bajar las cortinas, en las siestas, se bajaban. Mi madre que es una santa, todos los días que había actuación, las colgaba de nuevo. ¡Cuántos príncipes y princesas soñaban en el pantano! ¡Vírgenes, santos y apóstoles, hasta el propio Dios del triángulo! A todos representábamos.
Nos marcaba las horas, el firmamento, dejándonos el más alto sol del mediodía, para soñar despiertos, a la sombra de su aguja mayor.
La realidad volvía con el rosario del atardecer. Solo por cuestión de ligereza prefería leer la letanía, o que leyese mi madre, que alguna vez lo hacía para que aprendiésemos bien la pronunciación. Pero sobre todo nos mandaba hacerlo a nosotros, aprovechaba las oraciones para practicar la lectura, las Ave María y los Gloria iban de corrido, ejercitando la memoria con el Señor Mío Jesucristo, el Credo, el Padre nuestro, la Salve jjj…y la letanía, que leíamos ¡claro!, le gustaba vernos felices cuando nos sentíamos mayores con esa responsabilidad que todos aceptábamos con gusto.
Un cosquilleo en la nariz está pidiendo que abra los aliviaderos, los abriré solo un poquito. No quiero que la sal se disuelva, y llegue al fondo, donde fue quedando cubierta de fango, parte de aquella alegría.
¿Se le puede poner música a la memoria? Me gusta esta salve de una divertida película que vi hace tiempo:
https://www.youtube.com/watch?v=sI8lS8hr-nY Mirar sin reticencia lo hermosa que es la oración de la Salve, hoy día no soy creyente pero eso no quita para que sepa valorar la belleza y las cosas buenas de las religiones, ea, pues.
Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti clamamos, los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos
y, después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh, clemente!, ¡oh, piadosa!, ¡oh, dulce Virgen María